Proverbios 18:8
“Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.”
Las palabras que salen de nuestras bocas pueden ser de bendición y consuelo para alguien, pero también pueden servir para maldecir y romper corazones, destruir reputaciones y crear contiendas. Todo depende de las intenciones de nuestros corazones. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”, dice Mateo 12:34. El pasaje de hoy nos habla de “las palabras del chismoso”, es decir de aquel que no se detiene a considerar el efecto que puede tener en la vida de otros transmitir una noticia, un rumor o una historia sin siquiera verificar si es cierta, ni sopesar las consecuencias que pueda traer. Dice que estas palabras pueden ser “como bocados suaves”, o sea fáciles de tragar, pero su efecto es como el veneno que “penetra hasta las entrañas”, y causa daños irreparables.
Por alguna razón, algunas personas se sienten atraídas cuando les cuentan los problemas y asuntos personales de otros. ¿Escuchaste lo que Susana dijo de Nancy? ¿Te enteraste de cómo terminaron Roberto y Maria? ¡Ni te imaginas lo que está pasando entre Cristóbal y Delia! ¡Cuántas historias como éstas habrás escuchado últimamente! Muy probablemente cada una de ellas puede incluirse en la categoría de “chisme”. El chisme es una enfermedad que frecuentemente corre desenfrenada en el lugar de trabajo, en los círculos sociales e incluso en la iglesia. Esto no sólo habla de una falta de sinceridad y de respeto hacia los demás, sino también nos muestra un grave problema espiritual en aquellos que lo disfrutan. El chisme no es bueno para el chismoso ni para el que es víctima del chisme. El chisme no agrada a Dios, por eso él lo condenó diciendo: "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová." (Levítico 19:16). Es un mandato del Señor. Sería bueno enmarcar este mandato y colgarlo en la pared de nuestra casa o en nuestro centro de trabajo o inclusive en el templo, pero sería mucho mejor si permitimos que este mandato se grave en nuestros corazones.
El chisme puede destruir la vida de una persona, puede crear contiendas y puede terminar con una buena amistad. Proverbios 16:28 dice: "El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos." Y Proverbios 26:20 advierte: "Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda." Así como la leña aviva el fuego, el chisme aviva la contienda. El lugar donde existe chisme es un lugar donde habrá contiendas y peleas. Como cristianos debemos tomar con mucha seriedad el consejo del apóstol Pablo a los filipenses: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa.” (Filipenses 2:14-15).
Una vieja historia cuenta que en un pequeño reinado, un hombre fue acusado de haber calumniado a otro, habiendo afectado tremendamente su moral y su vida y la vida de su familia. El acusado fue traído ante el rey, el cual tenía fama de ser muy sabio al juzgar. El rey mandó que llenaran un saco de plumas y lo ataran con una soga. Se lo entregó al hombre y le dijo que fuera a lo alto de una colina cercana y abriera el saco y echara las plumas al aire. Así lo hizo aquel hombre contento por el castigo tan simple. Al poco tiempo regresó y le entregó el saco vacío al rey. “Completa la tarea, su majestad”, le dijo. Y el rey le contestó: “No. Falta la segunda parte. Ahora vaya y recoja todas esas plumas”. ¡Tremenda lección!
Al igual que las plumas, una vez que las palabras salen de nuestra boca no se pueden volver a meter en ella. Por eso tenemos que ser muy cuidadosos con lo que hablamos, pues las palabras que pronunciamos pueden tener grandes implicaciones espirituales. Así advirtió Jesús a un grupo de fariseos: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:36-37).
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